jueves, 23 de diciembre de 2010

Sobre la Salud Mental

A fin de continuar con la conquista de nuestro objetivo les resaltare una nota que leí del Diario La Nación escrita por Carlos Pierini que versa sobre la salud social de los argentinos. Esta nota remarca el espectro global que fue adquiriendo la sociedad en esta época, cuestión que marca Galeano sobre la desinteligencia en cuanto al respeto mutuo, la responsabilidad social y la preservación de las cosas.
En primer lugar, debemos indicar la falta de moralidad de las personas, y con personas nos referimos a todos incluyendo a los profesionales competentes en el área. Esto implica muchas cosas, verán, hablo desde arrojar un papel al piso hasta el manejar inescrupulosamente una cierta cantidad de dinero. Ambos saben que esta mal pero no piensan en ello sólo en el beneficio individual que les confiere. El que arroja un papel al suelo obtiene el beneficio de sacarse un peso de encima, esto es así, no lo duden. La moda del hoy es esta, no guardar papeles en los bolsillos porque queda feo, hasta se venden los pantalones sin bolsillos o con bolsillos de mentira. Los bolsillos pasaron a ser un adorno, el momento de hoy es esencialmente narcisista. En segundo lugar, debemos declarar la lamentable irresponsabilidad de la gente y de las empresas para con el resto de la población. Las empresas contaminan ríos y terrenos, intoxican a la gente que consume sus productos y hasta aquellos que participan en el proceso de producción, destruyen el planeta mediante la explotación desmesurada de los recursos. Y la gente nos indigna. Es indignante su falta de compromiso por lo nuestro y por lo de ellos. Desde que nacemos que somos propietarios de los recursos naturales y el cuidarlos es responsabilidad de todos, es de resaltar que esto se traslada también a sus vidas. Porque la irresponsabilidad en aquella pequeñez al arrojar un papel al suelo es el fruto de su concientización y enmarca a toda su vida. La verdad es dura pero real. A veces las cosas hay que decirlas como son aunque ello implique el desconcierto generalizado de chocar con la realidad. Como dice Amo Oz: “la gente que nunca cambia piensa que si alguien lo hace es un traidor”. Esta es la verdad, nadie dice nada a nadie, sabemos que lo que hacen esta mal y en vez de castigarlos mostramos indiferencia.
Por último, el tema de siempre, lo desechable. Lo desechable se encuentra naturalizado en la sociedad del presente. Desde un vaso descartable hasta una novia/o que no nos gusta, de la ropa de corta vida hasta las computadoras desactualizados que al poco tiempo pasan a ser obsoletas. El problema del reciclado esta generalizado, pocos saben la importancia de ello y hacerlo hasta les causa vergüenza. Las cosas deberían ser producidas a largo plazo y no para ser desechadas, porque este ritmo marca una explotación de recursos que al poco tiempo acabará con todo lo natural. El consumismo extremo no nos lleva a ningún lado pero los productores de hoy lograron implantarlo en la mentalidad de la gente de forma que para estar a la moda deben estar comprar lo último de lo último. No digo que este mal romper con una pareja porque se llevan mal, lo que no esta para nada bien es el tener varios hijos con una persona para después divorciarse y luego volver a divorciarse. Esto deja a los niños expuestos a los vaivenes de la vida sin nadie que los contenga y propensos a todo tipo de patologías mentales. Esto es así, no lo duden más. Lo vemos en los chicos que se encuentran en constitución pidiendo y hurtando a la gente, donde están sus madres y padres para cuidarlos. La calle no es el lugar indicado para que crezca un niño y mucho menos que los mandan a pedir o robar a tan corta edad.
Carlos Pierini nos dice al respecto que un sistema mentalmente saludable “Es aquel que promueve y estimula el crecimiento de todos sus miembros (desde una suficiente alimentación hasta una gran estimulación) dentro de una ley que impulsa a tener cada vez más capacidad de juicio crítico y responsabilidad personal lo que desalienta la tendencia humana a seguir ciegamente a los ídolos de turno. Es aquel que enseña que los derechos individuales o grupales terminan donde empiezan los derechos de los demás, y promueve el reconocimiento de los otros, semejantes, que no son objetos usables y descartables ni seres que deben ser doblegados si no acuerdan con nuestras ideas.
La libertad es la bandera de una sociedad sana; esta libertad no puede desligarse de la racionalidad, e incluye ineludiblemente el respeto por el semejante y la responsabilidad. (…) Poder criticar con argumentos a nuestros líderes familiares, intelectuales o sociales, así como permitir la crítica y poner en duda nuestras convicciones para poder cambiar de rumbo, son signos de salud mental.
El reconocimiento de que los otros existen y deben ser cuidados crea salud mental."

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